
Ayer perdí el poco respeto que me quedaba hacia la política española. Siempre he sido una persona correcta, o al menos lo he intentado, aunque a veces no haya podido contener mi rabia y haya echado pestes sobre algún político o partido. Pero ayer decidí matar las buenas formas. Adiós al respeto. Perdí el respeto porque ayer muchos políticos me demostraron que ellos no lo tienen.
Mi país está en la ruina o rozando ésta. Hay cinco millones de parados, estamos endeudados hasta las muelas y ayer, para rematarnos, nos apretaron el cinturón por enésima vez en seis meses. Pero hoy no quiero hablar de recortes, quiero analizar la actitud de los desgraciados que están aplaudiendo en la foto de arriba. Y si, les he llamado DESGRACIADOS, en mayúsculas. Sólo un desgraciado es capaz de reírse y aplaudir después de haber hecho ese atentado contra el bienestar de 46 millones de personas. Esta gente, que tanto ha criticado las actitudes chulescas de ciertas personas que se reían de los muertos y de las victimas de la violencia terrorista, ayer se rió de todos los ciudadanos de este país. No solo aplaudieron al culpable sino que encima lo hicieron sonrientes, incluso con risas. Mientras tú y yo aun intentábamos encajar la noticia, estos desgraciados, que viven de nosotros se reían en nuestra cara. ¿Cómo te quedas?
¿Crees que soy un irrespetuoso? ¿Que el respeto está por encima del que me muestre el prójimo? No amigo, esta vez no va a ser así. Esta vez no puedo ni quiero ser educado con alguien que ha hecho que mi vida vaya a peor. Ahora no me hables de herencias, porque estoy dispuesto a hacer sacrificios, pero no pienso aguantar esas muestras de burla.
Era tan fácil como haberse callado. Rajoy tenía que haber usado unas palabras menos afiladas. ¿No os habéis dado cuenta que en lo que llevamos de legislatura, el Gobierno no para de echarnos cosas en cara? Montoro lo hizo hace 48 horas con el IVA, y aun recuerdo unas palabras de nuestro Ministro de Economía. “¿Creen que es fácil obtener una linea de financiación de 60.000 millones?” o el clásico “¿Creen que se los dan a cualquiera?”. Evidentemente no, solo se lo darán a quien esté realmente jodido. España está a un pasito del precipicio, o quizás ya estemos cayéndonos pero aun no nos hayamos enterado. Este país necesita confianza, no generar confianza. Necesitamos la confianza de nuestros representantes, no actos chulos y prepotentes.
Han perdido mi respeto y se han ganado un enemigo. Si ellos me insultan con esa actitud, haré lo mismo. No me importa el qué dirán, ni las reacciones. Si ellos me aplauden por chulería, ¿Por qué no puedo insultarles? Total, viven de mi caridad.