Elvira – 29/11/2011 Demasiados cambios

Me lo tenía que haber olido cuando Nano me dijo que no hiciera planes para el día 20 de noviembre. Le dije de broma que si es que me iba a llevar al Valle de los Caídos y me miró con cara de “con eso no se bromea” porque no le hace ni pizca de gracia ese asunto. Ya ves tú, si yo los domingos me gusta quedarme en casa con los niños, y todavía me sigo preguntando qué hacía yo en Génova ese día. Sí, sí, no es que no me alegre de que Nano sea el nuevo presidente pero me sentía… fuera de lugar. Yo que pensaba quedarme arropada en el sillón, viendo Come Reza Ama, tuve que dejar a los niños con mi tía, además de tener que ir el viernes a la peluquería a cortarme las puntas y a darme reflejos, porque ya me advirtieron de que todo el mundo me iba a mirar con lupa.

Qué tarde más larga. Por lo aburrida, más que nada. Menos mal que me bajé una aplicación de sudokus en el teléfono y así me entretuve. Y porque prefería no hablar, sobre todo cuando vi a Soraya entrar en la sala. Se disculpó por el retraso porque se había entretenido dando el pecho a Ivancito. Me dije “mejor callada”, pero me dieron ganas de preguntarle que qué hacía allí, que qué pasaba con las dieciséis semanas, que si es que se pensaba que Nano iba a prescindir de ella. ¿Acaso piensa que iba a encontrar a otra persona que ocupara mejor su cargo? ¿Acaso piensa que Nano es de esos? Puede que otros compañeros del partido sí, pero mi marido no. Sobre todo porque le podría costar una buena temporada durmiendo en el sofá.

Después ya se me acabó la batería, me tocó salir al balcón… ¡Qué vergüenza, Dios! De vuelta a casa me decía Nano “qué callada estás” pero no paraba de pensar en la cantidad de cambios que teníamos que hacer en nuestra vida. Y no era una cosa tan tonta como que ya no podía ir a Marco Aldany a esperar cola y a peinarme como cualquier otra. Eran los niños, nuestra rutina diaria, la casa… Esto último me estresa porque no sé cómo va a ser la Moncloa, si los niños se van a acostumbrar, si vamos a necesitar hacer reformas… Por cierto, en qué hora se me ocurrió decirle a Nano que tendríamos que visitar el Ikea. Yo lo decía por aquello de estamos en crisis.

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